Volvía a casa después de comer con mi Sis en ese indio que nos vuelve locas y tomarnos un café y un cannolo en el italiano del camarero tremendiiiiisimo. Hasta aquí todo perfecto si no fuera por lo que me encontré de camino...
Me despedí de mi hermana en la entrada del cercanías y me dirigí al andén a esperar mi tren. Como iba a tardar unos 15 minutos, me senté en el segundo escalón de las escaleras que bajaban al andén y decidí sacar la artillería pesada (libro + música) para amenizar la espera. Unos minutos después alcé la vista para comprobar cuánto tiempo quedaba para que llegase el tren cuando bajaba por las escaleras unas espaldas anchas, así como de primera o segunda línea, enfundado en ropa deportiva. Mis hormonas ya iban un poco alteradas debido a ese camarero estupendísimo que amablemente nos había servido el café de la tarde con una sonrisa y un que aproveche con acento italiano que derrite. Con estos antecedentes, la visión de una espalda ancha me dejó un poco... expectante ante lo que pudiese encontrar al otro lado.
Faltaban dos minutos para que llegara el tren por lo que bajé las escaleras y me acerqué al andén no sin antes dar un disimulado repaso al susodicho sentado en los escalones del final y que se entretenía jugando con la PSP. No defraudó. Pelo muy corto castaño claro, barba como de dos días, mentón cuadrado, brazos fuertes, pecho musculado pero no de gimnasio sino de deporte (llevaba puesta una camiseta de algodón de manga corta) y, a través del pantalón de deporte, se intuían unas piernas fuertes también. Además de hacerle un buen repaso me percaté de la marca de sus pantalones de deporte (como para no!!!Le ocupaba toda una pierna) y la bolsa de deporte con el nombre de su equipo. La marca del pantalón es una de esas marcas de deportes que, casi en exclusiva, fabrican ropa y accesorios de todo lo relacionado con el rugby y la bolsa de deporte confirmó mi primera sospecha al verle bajar por la escalera. Era rugbier!!!! y de los que empujan...
Aún conmocionada por tal visión continué hasta el andén y me apoyé en la pared temiendo que las piernas me flojearan y, aún si reponerme, le veo andando en mi dirección y, casi al llegar a mi altura, me fijo de que me está dando un repaso con la vista de abajo a arriba. Si aún no me había terminado de rematar, hubo una décima de segundo en la que nos quedamos mirándonos a los ojos no sin cierta curiosidad. Mientras pasaba todo esto, llegó el tren y él se adelantó hacia la puerta y yo, después de una rápida conmoción que me paralizó al ver que entraba en el mismo tren que yo cogía, entré justo detrás de él. En ese pequeño instante en el que me encontraba cerca de él, me llegó su olor. Era un olor a me acabo de dar una ducha y no me he puesto ningún potingue más, no llevaba puesta ni colonia, era ese olor a... a tío!!!! Entré, y no se si fue casualidad pero él se sentó en la pared izquierda del vagón y yo en la pared derecha de tal forma que, aunque uno a cada punta, estábamos en frente y nos podíamos ver perfectamente.
No albergaba muchas esperanzas de que su viaje durase pero, sorprendentemente, se bajó en una de las paradas del final y la mía era la última por lo que dió tiempo a mucho. Nerviosa y aturdida me pasé todo el viaje mirando por la ventana del tren. Gilipollez inmensa puesto que eran las 20:00, y pico, de una tarde del avanzado otoño por lo que solo veía oscuridad y el reflejo de lo que pasaba en frente. Reflejo que aproveché para alegrarme la vista lo que durase el viaje del recién descubierto espécimen. Cual fue mi sorpresa que le descubrí varias miraditas furtivas, de esas de las que no quiere la cosa, hacia mí. En ese momento y echándole morro de vez en cuando decidí "dejar que me pillara" mirándole. El juego duró hasta que llegamos a su parada, pero ahí no terminó la cosa... Mientras recorría los escasos pasos desde su asiento hasta la puerta decidí quedarme mirándole y él hizo justo lo mismo hasta que bajó del tren.
Con tal subidón de serotonina mezclado con nerviosismo y un "me siento como si tuviera 15 años otra vez", le envié un sms a mi hermana diciéndole que tenía que contarla algo que me había pasado en el tren. La contestación no tardó en llegar y decía algo así como: a quién le has echado el ojo ya?? (Joder cómo me conoces Sis!!!!)
Al llegar a casa y con todas las pistas que tenía sobre él, me metí en internet y encontré la web de su equipo con tanta suerte que había un apartado con la foto y el nombre de todos los componentes. Aumentada la información, solo quedaba buscarle en FB y echarle valor para enviarle un privado. En un arrebato se lo envié y la contestación...
CONTINUARÁ...
Mostrando entradas con la etiqueta rugbier. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta rugbier. Mostrar todas las entradas
jueves, 9 de mayo de 2013
jueves, 2 de mayo de 2013
Loladas: Rugbier I
Mi relación con el rugby no es solo estrictamente deportiva. Cuando te quitas las botas de tacos, el barro de toooodas las partes de tu cuerpos y sales del vestuario vestida de pinceza con el morro pintao de rojo Dior (más conocido como rojo putón) dispuesta a beberte hasta el agua de los floreros, y lo que haga falta en el tercer tiempo, la noche puede llegar a ser muy surrealista y 1) despertar acompañada o 2) despertar en una cama que no es la tuya. Ambas opciones incluyen sin bragas. Una de esas noches terminé, no se muy bien por qué, eligiendo la opción 2.
Acababa de terminar la temporada e íbamos todo el club, el equipo masculino y el femenino, a celebrar los no demasiado desastrosos resultados de ese año. Como siempre habíamos quedado donde "el gordo", el bar al que solíamos ir a celebrar los terceros tiempos en días que no estaba la temperatura como pa hacerlo en los jardines de alrededor del campo. Buenas y abundantes tapas regadas con muuuuuucha cerveza y a muy buen precio... Quién podría resistirse¿?!!!
Ante ese panorama lo raro es no salir borracha como un cochino aunque solo fuera de oler el alcohol del ambiente. No se muy bien cómo, por qué o quién dió la idea pero salimos de "el gordo" y, cantando a grito pelao en mitad de la calle canciones de rugby, nos dirigimos, creo recordar, a una discoteca. Calculo que serían como... las 2:00 de la mañana¿?
Por el camino, tampoco sé muy bien por qué, terminamos las chicas haciendo melés en mitad de una calle muy ancha que creo que era una de las calles principales de la ciudad. Aún me sorprende que no nos detuvieran o nos atropellaran. La siguiente melé que recuerdo era ya cerca de la zona de copas... y aquí viene lo interesante!!! Pegamos tal hostión que algunos de los chicos tuvieron que ayudarnos a salir de la maraña de piernas y brazos.
En ese momento un chico alto, fibroso y castaño que nunca había visto por el equipo me ayudó a salir, mientras yo me descojonaba de risa y, en mi momento de gloria digo:
- Io... ysha no pueo máshss!!! Nechseshssito un cshsigarro.
No me di cuenta que mi espalda estaba apoyada en el pecho del chaval hasta que no me rodeó con sus brazos para ponerme en la boca un cigarrillo que se acababa de encender. Me doy la vuelta y le suelto un borracho gracias al que contesta con una sonrisa y un estrechamiento del poco espacio que nos separaba. Se me acercó al oído y me susurró:
- Me acompañas a casa..¿?
Y no pude oponer resistencia...
Acababa de terminar la temporada e íbamos todo el club, el equipo masculino y el femenino, a celebrar los no demasiado desastrosos resultados de ese año. Como siempre habíamos quedado donde "el gordo", el bar al que solíamos ir a celebrar los terceros tiempos en días que no estaba la temperatura como pa hacerlo en los jardines de alrededor del campo. Buenas y abundantes tapas regadas con muuuuuucha cerveza y a muy buen precio... Quién podría resistirse¿?!!!
Ante ese panorama lo raro es no salir borracha como un cochino aunque solo fuera de oler el alcohol del ambiente. No se muy bien cómo, por qué o quién dió la idea pero salimos de "el gordo" y, cantando a grito pelao en mitad de la calle canciones de rugby, nos dirigimos, creo recordar, a una discoteca. Calculo que serían como... las 2:00 de la mañana¿?
Por el camino, tampoco sé muy bien por qué, terminamos las chicas haciendo melés en mitad de una calle muy ancha que creo que era una de las calles principales de la ciudad. Aún me sorprende que no nos detuvieran o nos atropellaran. La siguiente melé que recuerdo era ya cerca de la zona de copas... y aquí viene lo interesante!!! Pegamos tal hostión que algunos de los chicos tuvieron que ayudarnos a salir de la maraña de piernas y brazos.
En ese momento un chico alto, fibroso y castaño que nunca había visto por el equipo me ayudó a salir, mientras yo me descojonaba de risa y, en mi momento de gloria digo:
- Io... ysha no pueo máshss!!! Nechseshssito un cshsigarro.
No me di cuenta que mi espalda estaba apoyada en el pecho del chaval hasta que no me rodeó con sus brazos para ponerme en la boca un cigarrillo que se acababa de encender. Me doy la vuelta y le suelto un borracho gracias al que contesta con una sonrisa y un estrechamiento del poco espacio que nos separaba. Se me acercó al oído y me susurró:
- Me acompañas a casa..¿?
Y no pude oponer resistencia...
miércoles, 17 de abril de 2013
Si a tus amigas no les gusta el RUGBY...
El rugby es ese deporte tan desconocido en este país en el que los diarios deportivos hablan casi exclusivamente de fútbol, ya sea sobre competición nacional como las competiciones nacionales de otros países, el caso es que sea fútbol.
Mi relación con este gran y bello deporte comienza cuando era mini-Lola, cuando papá Lalo veía el Six Nations en Canal +. Lo recordareis porque es un canal que se podía ver en abierto excepto algunos programas para los que necesitabas un decodificador, un cacharro negro tamaño cuartilla. Fue mi primera toma de contacto y, la verdad, es que me impresionó mucho. Por otro lado he de decir que mi infancia precisamente de prinzesismos no era. Yo jugaba con mis amigos, sí chicos, a coronar la montaña de leña que estaba en la traseras de la panadería del pueblo, a escalar árboles, a fútbol (qué remedio!!!) y demás juegos de chicos. También tuve mis momentos de "chica" jugando a las muñecas pero fueron momentos fugaces. Como se puede apreciar apuntaba maneras.
El tiempo pasó y el rugby quedó aparcado pero marcado a fuego en algún lugar de mi inconsciente. Por esta época de pre y adolescencia cambié los juegos de chicos por la rebeldía y el punk. Bendita juventud en la que te propones cambiar el mundo a golpe de anarquismo... Qué recuerdos!!!
Entre tanto llegó la universidad, el gran cambio. Pasas de vivir en un pueblo pequeño a vivir en una gran ciudad, cambias la vida familiar por la de estudiante en un piso compartido, nadie te mira raro porque no eres como las demás chicas de tu edad, es más, pasas desapercibida, conoces a gente nueva muy diferente pero a la vez muy igual que tú y te vuelves a reencontrar con el rugby.
Todos los días, de camino a la facul, veía las pistas de rugby pero no que hubiese partido por lo que pensaba que no se usaban y me entraba como una pena interior. De repente, entre la mucha gente que conocía había una chica que está en el equipo de rugby de la facul, es la talona y capitana del equipo!!! Me comenta que, si me apetece, me pase por un entrenamiento que necesitan gente. En ese preciso instante, el rugby de mi inconsciente se hace visible abriéndose paso entre la gran cantidad de mierdas mentales y se pone en la lista de prioridades de mi cerebro, tanto que en cuanto termino las clases me paso por la tienda de deportes y me hago con una equipación completa.
Lo siguiente fueron dos temporadas como pilier titular, por lo que deduzco que no se me daría nada mal aunque mi altura tamaño tapón de alberca ayudó, y mucho, al ser de las más bajitas de la liga era más difícil ganarme en las melés. De todo ello me llevé grandes compañeras de equipo, entrenadores molones que me enseñaron mucho (una de ellos está actualmente en la Selección Femenina de Rugby), moratones a manta, un esguince de rodilla, una torsión del cartílago de la rótula, una fisura de costilla, las competiciones de la ducha para ver quién tenía más moratones, el inolvidable sonido de los tacos al salir del vestuario en silencio y con la mayor concentración, las nauseas en la boca del estómago en el segundo previo al saque de inicio, el alivio tras la tensión por un partido difícil, los terceros tiempos y sus épicas borracheras, las melés en mitad de la calle más pedo que Alfredo, los chicos del equipo masculino (arrggg), una experiencia inolvidable y una drogodependencia a este deporte que es muy difícil aplacar. De esto ya hace algún tiempo y, con mucha nostalgia, me sigo acordando de esos buenos momentos.
Ahora, por motivos varios, no puedo seguir siendo rugbier, pero me conformo con ver algún partido de vez en cuando. Para esta difícil situación de proponer una quedada para ver un partido y que no se rajen más de la mitad de mis amigos, he decidido atacar a la chicas. Os preguntareis cómo... Muy sencillo, prometiendo hombres!!!! Tanto fuera como dentro de la pantalla de televisión. Mis argumentos: bombardear con fotos de rugbier elegidos a lo largo de las principales competiciones o hacerles referencia a chicos cañón de la uni que son rugbier y que ellas no sabían que lo eran, prometer quedar en un irlandés que, al estar lleno de guiris de buen ver ayuda; cerveza, mucha cerveza y de importación para atraer a los chicos del grupo además de roncharles la oreja diciendo que a las guiris anglosajonas son muy hooligans y seguro que el bar no solo es un campo de nabos y cuantas maldades más se me ocurran.
He de decir que, alguna vez que he conseguido llevarlos a ver un partido, se han quedado con ganas de más así que creo que no está tan mal el rugby cuando hasta los futboleros disfrutan con él.
Mi relación con este gran y bello deporte comienza cuando era mini-Lola, cuando papá Lalo veía el Six Nations en Canal +. Lo recordareis porque es un canal que se podía ver en abierto excepto algunos programas para los que necesitabas un decodificador, un cacharro negro tamaño cuartilla. Fue mi primera toma de contacto y, la verdad, es que me impresionó mucho. Por otro lado he de decir que mi infancia precisamente de prinzesismos no era. Yo jugaba con mis amigos, sí chicos, a coronar la montaña de leña que estaba en la traseras de la panadería del pueblo, a escalar árboles, a fútbol (qué remedio!!!) y demás juegos de chicos. También tuve mis momentos de "chica" jugando a las muñecas pero fueron momentos fugaces. Como se puede apreciar apuntaba maneras.
El tiempo pasó y el rugby quedó aparcado pero marcado a fuego en algún lugar de mi inconsciente. Por esta época de pre y adolescencia cambié los juegos de chicos por la rebeldía y el punk. Bendita juventud en la que te propones cambiar el mundo a golpe de anarquismo... Qué recuerdos!!!
Entre tanto llegó la universidad, el gran cambio. Pasas de vivir en un pueblo pequeño a vivir en una gran ciudad, cambias la vida familiar por la de estudiante en un piso compartido, nadie te mira raro porque no eres como las demás chicas de tu edad, es más, pasas desapercibida, conoces a gente nueva muy diferente pero a la vez muy igual que tú y te vuelves a reencontrar con el rugby.
Todos los días, de camino a la facul, veía las pistas de rugby pero no que hubiese partido por lo que pensaba que no se usaban y me entraba como una pena interior. De repente, entre la mucha gente que conocía había una chica que está en el equipo de rugby de la facul, es la talona y capitana del equipo!!! Me comenta que, si me apetece, me pase por un entrenamiento que necesitan gente. En ese preciso instante, el rugby de mi inconsciente se hace visible abriéndose paso entre la gran cantidad de mierdas mentales y se pone en la lista de prioridades de mi cerebro, tanto que en cuanto termino las clases me paso por la tienda de deportes y me hago con una equipación completa.
Lo siguiente fueron dos temporadas como pilier titular, por lo que deduzco que no se me daría nada mal aunque mi altura tamaño tapón de alberca ayudó, y mucho, al ser de las más bajitas de la liga era más difícil ganarme en las melés. De todo ello me llevé grandes compañeras de equipo, entrenadores molones que me enseñaron mucho (una de ellos está actualmente en la Selección Femenina de Rugby), moratones a manta, un esguince de rodilla, una torsión del cartílago de la rótula, una fisura de costilla, las competiciones de la ducha para ver quién tenía más moratones, el inolvidable sonido de los tacos al salir del vestuario en silencio y con la mayor concentración, las nauseas en la boca del estómago en el segundo previo al saque de inicio, el alivio tras la tensión por un partido difícil, los terceros tiempos y sus épicas borracheras, las melés en mitad de la calle más pedo que Alfredo, los chicos del equipo masculino (arrggg), una experiencia inolvidable y una drogodependencia a este deporte que es muy difícil aplacar. De esto ya hace algún tiempo y, con mucha nostalgia, me sigo acordando de esos buenos momentos.
Ahora, por motivos varios, no puedo seguir siendo rugbier, pero me conformo con ver algún partido de vez en cuando. Para esta difícil situación de proponer una quedada para ver un partido y que no se rajen más de la mitad de mis amigos, he decidido atacar a la chicas. Os preguntareis cómo... Muy sencillo, prometiendo hombres!!!! Tanto fuera como dentro de la pantalla de televisión. Mis argumentos: bombardear con fotos de rugbier elegidos a lo largo de las principales competiciones o hacerles referencia a chicos cañón de la uni que son rugbier y que ellas no sabían que lo eran, prometer quedar en un irlandés que, al estar lleno de guiris de buen ver ayuda; cerveza, mucha cerveza y de importación para atraer a los chicos del grupo además de roncharles la oreja diciendo que a las guiris anglosajonas son muy hooligans y seguro que el bar no solo es un campo de nabos y cuantas maldades más se me ocurran.
He de decir que, alguna vez que he conseguido llevarlos a ver un partido, se han quedado con ganas de más así que creo que no está tan mal el rugby cuando hasta los futboleros disfrutan con él.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
